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Argentina: Presos y presas por plantar marihuana reclaman justicia

Hoy en Argentina, el tema de la marihuana legal está particularmente candente. Todo el mundo habla al respecto y todo el mundo tiene una opinión.

Si bien esto es indiscutiblemente positivo, hay otro tema del que se debería estar hablando pero que casi no se toca: el de les presos y presas por plantar marihuana. En un país con una incipiente industria de cannabis legal y con el uso medicinal permitido, todavía tenemos un buen número de personas encarceladas por cultivar su medicina.

Ante esta desidia por parte del Estado y la sociedad surgió la asociación Presos y Presas Por Plantar (PPP). La misma se fundó por la iniciativa de tres cannabicultores, Maxi, Mariano y Matías, que actualmente se encuentran privados de su libertad. Y los miembros de la agrupación sólo aumentan en número.

“El objetivo es obtener nuestra libertad”, explica Denise Moruzzi, que se encuentra en prisión domiciliaria con su hija por tres plantas de cannabis medicinal. “Nos tratan como delincuentes. Hemos sido puestos en comisarías, en penales, sufrido arrestos domiciliarios… No somos delincuentes. Somos personas trabajadoras, personas de familia que teníamos una vida común y simplemente teníamos nuestras plantas. No queremos más casos de causas armadas. No queremos más causas de narcoboludeo”.

Cabe tener en cuenta que la violencia institucional no sólo afecta a las personas que tienen que pasar parte de su vida encerradas. Muchas veces estas personas son los sostenes de sus familias, encargadas de su supervivencia o del cultivo de la medicina de sus hijes. Y son estas familias e hijes quienes tienen que pasar por penales, por cacheos al desnudo, por la hostilidad inherente al sistema penitenciario, para poder ver a sus seres queridos.

“No queremos que nadie más sufra este abuso tan grande, tan inmenso, que hemos vivido”, sigue Denise. “Queremos que toda esta persecución se termine y que no se olviden de nosotros”.

“Ya que ahora se están regularizando varias leyes, se está haciendo la comercialización masiva, está abarcando a tantos, que no se olviden de los que estamos presos por causas mucho más chicas. Que no se puede aprobar una ley, mientras que tenemos aún gente privada de nuestra libertad por lo mismo, por lo que ahora se está haciendo legal”, remata.

La regularización de la marihuana está en un momento muy prematuro y delicado. Y claro que corresponde celebrar esta ampliación de libertades y de todas las oportunidades de crecimiento que otorga para el país. Pero también corresponde resarcir a las víctimas de esta persecución anticuada, injusta y retrógrada; y más aún cuando el mismo Estado está habilitando a organizaciones y empresas a realizar las mismas actividades que le han valido la libertad a estas personas. Hasta que se dé este paso, no se puede hablar realmente de progreso ni de justicia. Porque, como bien reza el lema de esta organización, “ninguna regulación puede tener lugar con cultivadoras y cultivadores en la cárcel”.

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