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El potencial agrícola de Asturias como paraíso del «cannabis» legal

El potencial agrícola de Asturias como paraíso del «cannabis» legal
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«Aquí crece muy bien: el clima es perfecto y las condiciones de la tierra, ideales», dice uno de los asturianos que ha recuperado el cultivo de cáñamo industrial para uso alimentario

Aparentemente, la plantación que abre estas líneas podría ser de marihuana, pero es cáñamo industrial que ya ha sido cosechado en Ribadesella para obtener semillas y otros productos como aceite virgen extra o harina. La plantación ocupaba una hectárea y media y fue cultivada en junio del año pasado con tres variedades de semillas de Cannabis sativa certificadas por la Unión Europea (UE). Es decir, variedades cuya siembra está permitida en España con destino a la producción industrial de fibra, grano y semilla por tener una concentración de THC, el componente psicoactivo del cannabis, casi residual al ser menor del 0,2%.

Plantación de cáñamo industrial en Ribadesella, de Cañamo Valley

Existen cientos de variedades de cannabis y a la que tiene bajo contenido en THC, y que es por lo tanto legal, se la conoce comúnmente como cáñamo y está protagonizando una auténtica revolución -casi silenciosa- a nivel internacional. Tanto por la proliferación de innumerables -más de 25.000- usos y productos elaborados con cáñamo en infinidad de sectores -al alimentario se suman, entre otros, textil, construcción, automóvil o estética- como por el creciente interés que está despertando su cultivo en el medio rural ante semejante potencial económico.

Siempre se ha puesto como ejemplo que las velas, las cuerdas, las ropas y hasta las biblias en las carabelas del viaje de Colón a América eran de cáñamo, que forma parte de la historia de la humanidad precisamente por todos esos usos, otrora olvidados por cuestiones de geopolítica, que se están redescubriendo de un tiempo a esta parte, coincidiendo con la despenalización del cannabis con fines medicinales y recreativos en diferentes partes del mundo o con su eliminación de la lista IV de la Convención única de Estupefacientes de 1961 por parte de Naciones Unidas el año pasado.

Pasos que han ido favoreciendo el impulso a la recuperación del cultivo del cáñamo industrial incluso en España, que ha multiplicado por ocho la superficie de plantaciones destinadas a la obtención de fibra desde 2016 al pasar de 61 a 510 hectáreas. No son muchas si se comparan con las que existen en otros países europeos -Francia, por ejemplo, es el mayor productor europeo de cáñamo industrial y también es uno de los líderes mundiales-, pero el creciente interés que ha despertado su cultivo ha llevado incluso al Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación a publicar recientemente una nota informativa (que se puede consultar aquí) para agricultores y técnicos recordando cuál es la normativa y las finalidades permitidas en España para «tener la certeza de no incurrir en actividades ilícitas».

David Cárcaba, a través de Cañamo Valley, es uno de los productores asturianos de cáñamo industrial. El año pasado, con otros dos amigos de Ribadesella y cofundadores de Cañamo Valley, sembró esa primera hectárea y media que se ve en las imágenes. «En ningún momento escondimos nada. Presentamos toda la documentación en el Registro General de la Producción Agrícola (REGEPA), en el ayuntamiento y a la Guardia Civil. Al final es como si estuvieses sembrando maíz, remolacha o cualquier cosa, lo que pasa es que hay mucho desconocimiento y una especulación enorme con el medicinal», indica Cárcaba, que insiste en dejar claro que el cáñamo y el cannabis medicinal no son lo mismo -aparte de que el primero no es psicoactivo- porque el fin de su cultivo tampoco lo es.

Por ejemplo, en el caso de la plantación de Ribadesella, el fin del cultivo es la producción de cáñamo alimentario. Cárcaba, que es de Oviedo, estuvo trabajando en California en 2018 en una empresa del sector del cannabis, que en este estado americano es legal para uso medicinal desde 1996. Al volver a Asturias, empezó a distribuir productos con CBD (cannabidiol), uno de los compuestos cannabinoides más relevantes -y cada vez más populares por sus usos medicinales y cosméticos- del cáñamo, de una empresa de Málaga que tenía su propia plantación.

Durante el confinamiento por la pandemia de coronavirus de año pasado, empezó a darle vueltas al concepto de Cañamo Valley, en el que se unen Asturias, su privilegiado -aunque abandonado- medio rural y el potencial de un cultivo ahora emergente, pero que hace siglos ya se plantaba en el Principado. En una Gaceta de 1789 (el BOE de la época) se recogían los 300 reales con los que se premiaba a un campesino de Pravia por presentar «en estado de poder usarse 13 arrobas y siete libras de cáñamo». Por 12 arrobas y 5 libras, otro vecino de Caces y Siones, en Oviedo, se llevaba 100 reales. Cada arroba eran 11,502 kilogramos.

«Tiene futuro»

«Soy de Asturias, me gusta el campo, tenemos una tierra increíble y aquí puede funcionar bien», pensó Cárcaba en aquellos primeros meses de la pandemia, cuando finalmente compró las semillas certificadas de la Unión Europea y pidió los permisos necesarios para cultivar cáñamo industrial. La siembra, al igual que la recogida, fue manual y en junio, demasiado tarde, debido a la pandemia. «Lo ideal es sembrar ahora, en abril», dice, explicando que quiso crear un método de trabajo a tres años vista. El primero para el testeo de esas tres variedades certificadas por la UE, un segundo año de consolidación y, si la cosa va bien, el tercero sería el del desarrollo de la empresa.

«Este año vamos a doblar la cantidad de tamaño que estamos sembrando con tres grupos de agricultores más de la zona. Estamos optando por una de las tres variedades del año pasado, que es la que produce más semillas en planta y que tiene más aceites omega-3 y omega-6», explica Cárcaba, que indica que, a diferencia del año pasado, este segundo ya tienen un protocolo de trabajo desde la recogida al almacenamiento.

Plantación de cáñamo industrial en Ribadesella, de Cañamo ValleyEl año pasado tenían incertidumbre, pero «el resultado es bueno, estamos contentos y es algo que tiene perspectiva, que tiene futuro». Cañamo Valley aún está arrancando -«estamos en construcción, que somos chavales sin mucha inversión»- con el objetivo de vender semillas -«tenemos 600 kilos almacenados del año pasado»-, aceite virgen extra para ensaladas, harinas para personas con alergia al gluten y piensos para gallinas, que elaboran con una proporción de los restos de la planta. «Con ello consigo hacer una economía circular a la planta, aprovechando una fuente principal que es la semilla», dice Cárcaba, que indica que pronto abrirán tienda en la calle Uría, en Oviedo.

El aceite de cáñamo virgen extra elaborado con semillas cultivadas en Ribadesella, recién embotellado bajo la marca Cañamo Valley
El aceite de cáñamo virgen extra elaborado con semillas cultivadas en Ribadesella, recién embotellado bajo la marca Cañamo Valley

El año pasado también cedieron la fibra de la parte exterior de los tallos a una empresa asturiana que elabora ropa de cáñamo, MiMaria Hempworks. Cárcaba pertenece a la Asociación Española del Cáñamo (Aecan). En su última asamblea cuenta que participaron 35 productores, de los que una treintena se dedican al CBD, tres a la alimentación y un par a la fibra. Él aspira a asentar una industria alimentaria en Asturias, que tiene un clima perfecto para cultivar cáñamo industrial.

«En Asturias tenemos una tierra del carajo, pero están todos los campos muertos»

«Asturias es ideal para sembrar cáñamo siempre y cuando lo hagas en las fechas idóneas. Es un clima húmedo moderado en el cual la planta no tiene ningún problema en el primer desarrollo. En Asturias crece muy bien: las cualidades del terreno son ideales y el clima, al ser muy húmedo, es muy favorable para sus etapas de crecimiento». Pero advierte: «Hay que sembrar muy pronto para intentar recoger en agosto». El buen crecimiento de la plantación, en la que la tierra se mezcló con «cucho asturiano», se aprecia perfectamente en las imágenes. «En Asturias tenemos una tierra del carajo, pero están todos los campos muertos», lamenta Cárcaba.

Como ya tienen perfil en Facebook, puede corroborar ese «creciente interés» que motivaba la nota informativa del Ministerio de Agricultura. «La cantidad de gente que me está llamando para sembrar, para preguntar si se se puede hacer en Asturias, con el potencial que tiene… Me llama gente de 30 a 35 años, que es la nueva generación de la que se habla para darle una vuelta al campo», recuerda. Él tiene 38 años y echa de menos el apoyo institucional que dice que sí tienen los productores de cáñamo industrial en otras comunidades autónomas, como por ejemplo en Extremadura, en donde en noviembre del año pasado se inauguraba un centro de investigación sobre el cáñamo, del que forman parte empresas y universidades y que cuenta con el apoyo del Gobierno extremeño.

«En Asturias lo único que necesitamos son tres o cuatro máquinas un poco curiosas para transformar la semilla y tenemos una industria alimentaria con unos campos increíbles, porque es una planta que al final es generosa para el medio ambiente», explica Cárcaba. El cáñamo absorbe el CO2, no necesita productos químicos y se dice que es un cultivo de rotación ideal y previene la deforestación.

«Cuantos más seamos, mejor»

Cárcaba no pasa por alto la «telaraña de trabas» que se ha ido encontrando para optar a una subvención en Asturias «cuando tienes un proyecto que encaja perfectamente en los objetivos 2030 y en la renovación del campo», pero «se pasan la pelota de unos a otros y nadie me atiende». Esta semana esperaba por las ayudas de los fondos Leader, pero «en todo caso estamos empezando a poner de nuestro bolsillo para esta temporada y pagando el tractor». También ha comprado ya una peladora de semillas y ha encargado una prueba de aceite de unos 30 litros que ya está embotellada. Las etiquetas de las bolsas de semillas también están en camino.

«Cuantos más productores seamos, mejor. La unión hace la fuerza», apunta, explicando que con Cañamo Valley quiere propiciar también la creación de una red de productores en Asturias, creando esa industria alimentaria en torno al cáñamo y«dándole una vuelta al campo para reconvertirlo en lo que viene, generando además nuevos agricultores de 30 a 35 años».

«Si no probamos cosas nuevas seguiremos empozados», dice, de Asturias. «Tenemos la tierra, tenemos todo pero no arrancamos, estamos ahora todavía despertando», añade, de España, mientras enumera los países europeos con una industria dedicada al cultivo de cáñamo ya relevante en un momento, además, en el que se esperan más cambios en las normativas internacionales y europeas que regulan al cannabis y sus diferentes usos.

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